
Empecé a usar anteojos cuando era estudiante de segundo año en la escuela secundaria. Noté que necesitaba entrecerrar los ojos cada vez más para poder ver la pizarra. Solía sentarme en la mitad de la primera fila en el salón y todavía tenía problemas para ver lo que estaba escrito, las cosas comenzaron a verse más y más borrosas a medida que pasaba el tiempo. Mis padres me llevaron al oftalmólogo y me recetaron anteojos. Yo no quería tener anteojos porque, los anteojos en mi época no estaban muy de moda, además jugaba deportes y los anteojos deportivos no eran muy atractivos, aparte de que eran muy caros. Como mis padres me compraron los anteojos y gastaron el dinero en ellos, pensé que lo menos que podía hacer era usarlos. Cuando me puse los anteojos por primera vez, fue como un milagro en mis ojos, pude ver claramente e incluso detalles que no recordaba haber visto, todo gracias a un par de anteojos. Ahora no puedo imaginar mi vida sin los anteojos, si me los quito, me siento como el ciego del evangelio, cuando Jesús le preguntó si veía algo, y dijo que veía a las personas como árboles que caminaban. Sin mis lentes todo es borroso, todo cambia de apariencia y mi perspectiva de todo es diferente.
En la biblia encontramos muchas historias que nos presentan la idea de un mayordomo prudente. Ser prudente significa actuar correctamente, actuar a tiempo, pero para eso necesitamos ver bien. La prudencia significa ver las cosas bien y como realmente son, para poder actuar de acuerdo con ello. Una forma de pensarlo es que ser prudente significa ponerse un par de anteojos, poder ver claramente y no borroso. Un mayordomo prudente es un mayordomo que es responsable de administrar y manejar los negocios de su amo. Para que ese mayordomo haga un buen trabajo o verdaderamente administre bien los negocios de su amo, el mayordomo necesita ver como el amo ve, el mayordomo necesita ponerse los anteojos del amo.
Entonces, ¿quién es un mayordomo? un mayordomo es una persona responsable de algo de valor. Un mayordomo es una persona a la que se le da autoridad sobre algo, se le da poder sobre algo o se le da la administración sobre algo de valor. Nuestro Señor nos ha hecho colaboradores o partícipes de su obra salvífica. Él nos ha hecho mayordomos de sus muchos tesoros. Somos mayordomos porque él es el creador y el dueño de todo, pero nos ha dado poder o autoridad sobre ciertas áreas de su creación.
Cada uno de nosotros tiene un círculo de influencia o ámbito de administración dado por nuestro Señor, dentro de este círculo, somos responsables de administrar sus posesiones material y espiritualmente de la mejor forma posible. En las siguientes lecturas, nuestro Señor nos dice que el detesta el abuso, la injusticia, las desigualdades, especialmente cuando se trata de los pobres, los marginados y los vulnerables, ahí es donde entramos tú y yo. Estamos llamados a convertirnos en santos y en el proceso de la santificación necesitamos ser mayordomos prudentes. Para que seamos mayordomos prudentes, necesitamos ponernos los anteojos de nuestro maestro para que podamos ver cómo ve nuestro Maestro y para que podamos actuar correctamente.
Amos 8: 4-7
Escuchen esto los que buscan al pobre
sólo para arruinarlo
y andan diciendo:
“¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes
para vender nuestro trigo,
y el descanso del sábado
para reabrir nuestros graneros?”
Disminuyen las medidas,
aumentan los precios,
alteran las balanzas,
obligan a los pobres a venderse;
por un par de sandalias los compran
y hasta venden el salvado como trigo.
El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado:
“No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.
Lucas 16: 1-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’.
Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.
El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.
Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.
El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.
Jesús nos presenta una pregunta muy desafiante en el evangelio; ¿Quién es tu señor, es Dios o es mamón/dinero? No podemos servir a los dos porque ambos son opuestos, sería como ponerse dos pares de anteojos, y ambos con prescripciones diferentes. Dios es amor y nuestro creador, donde mamón es la representación de la codicia, el orgullo y los señuelos del mundo. Si queremos servir a Dios y queremos ser mayordomos prudentes, debemos ver como Dios ve. Las lecturas anteriores nos dan una pequeña idea de la visión de Dios, en el libro del profeta Amós, nos dice que Dios ve injusticia, personas que se aprovechan de los pobres, abusan de los pobres, engañan y pisotean. Luego, en la lectura del evangelio, Jesús cuenta la historia de un mayordomo deshonesto, entonces, ¿qué ve Dios? la gente que se aprovecha, la deshonestidad y, de nuevo, la falta de consideración por los pobres. La visión de nuestro Señor tiene afinidad por los pobres, por los marginados, por los abusados, por los abandonados. Como mayordomo prudente si te pones los anteojos de Dios, eso es lo que verás, y entonces verás que como mayordomo tienes la responsabilidad de ayudar.
A veces pensamos que tenemos que resolver los problemas del mundo, pero yo diría que empieces con poco porque el que no es un buen mayordomo de lo pequeño, no será un buen mayordomo de lo grande. Hay tres áreas principales en las que podemos enfocarnos dentro de nuestra administración, nuestro tiempo, talentos y tesoros. Recuerda el resumen de los mandamientos de Jesús: Amar a Dios y amar al prójimo . Pregúntate, ¿cuánto de tu tiempo, talentos y tesoros estoy dedicando al Amor de Dios? ¿Qué tal el Amor al Prójimo? Poniéndonos los anteojos de Dios, podemos ver su afinidad por los pobres, abusados, marginados y explotados, pero no olvidemos que los pobres no sólo son los que carecen de recursos materiales, sino también los que carecen espiritualmente. La iglesia nos enseña las obras de misericordia corporales, pero también nos enseña las obras de misericordia espirituales. Esto se debe a que la persona humana se compone de cuerpo y alma, como tal estamos llamados a ser administradores de ambos, nuestro Señor quiere que seamos administradores prudentes de la persona humana completa.
Piensa en tu círculo de influencia, ¿cómo puedes ser un mayordomo prudente de tu tiempo, talentos y tesoros en tu estado de vida actual? ¿Estas casado o soltero? ¿Estudiante, ama de casa, empleado, desempleado, jubilado? ¿Un sacerdote, diácono, líder espiritual, catequista, maestro? ¿Cómo puedes usar tu tiempo, talentos y tesoros para ayudar a otros en su camino hacia la santificación?
¿Quién es tu señor, es Dios o mamón? ¿De quién son los anteojos que tienes puestos? Si quieres las gafas de Dios y no sabes cómo conseguirlas… Solo pídesela… Nuestro Señor nos dice que oremos por todos y que oremos siempre. La mejor manera de obtener la perspectiva de Dios, su punto de vista, su visión es orar. Cuando oramos, estamos aceptando que necesitamos a nuestro Señor, que necesitamos a nuestro maestro, nos estamos humillando a su voluntad. Cuando oramos, intercedemos por los demás, amamos a los demás al pedir por ellos. Si quieres ser un mayordomo prudente, si quieres los anteojos de Dios, simplemente pídeselo y esa es una petición que seguramente te concederá.
Juntos, pidámosle que nos ayude a ser mayordomos prudentes, que nos dé su visión para que podamos ver lo que él ve y el coraje/capacidad de actuar como él actuaría.
Bendiciones