
Cuando pensamos en grandeza y en ser los mejores, usualmente pensamos en nuestras habilidades, talentos y dones mundanos, pero nuestro Dios piensa diferente. En el libro del profeta Isaías, el profeta tiene una frase que es clave para nosotros, el nos dice que los caminos de Dios no son nuestros caminos y que sus pensamientos no son nuestros pensamientos. Esta frase es la mejor forma de describir lo que es la metanoia, un cambio de mente que nos dirige actuar diferente. Esta metanoia es basada en tratar de pensar como Dios piensa y de tomar los caminos de Dios y no los nuestros.
Si volvemos a la conversación de los mejores o de grandeza, nos damos cuenta de que Dios piensa diferente a nosotros. En los evangelios, los discípulos les preguntaban a Jesús, cual de ellos era el mayor o cual era el mas grande o como podían llegar a ser mas grandes que los demás. Jesús les contestaba cosas como el que quiera ser el mayor, que se haga el menor, el que quiera ser primero será el último, un niño es el mayor en el reino, tenemos que ser como niños para entrar en el reino y el que quiera ser el mas grande, que le sirva a los demás. Estas frases y muchas más, me imagino que confundían a los discípulos, ellos querían ser los mejores o los mayores, pero Jesús les decía que tenían que servir, ser los menores y ser como niños, ellos estaban confundidos. La razón por que nos confunde es porque los caminos de Dios no son nuestros caminos, y los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos.
Miremos las siguientes lecturas y miremos el patrón de Dios sobre la humildad y como sus pensamientos son diferentes a los nuestros.
Eclesiástico (Sirácide) 3, 17-18. 20. 28-29
Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te amarán más que al hombre dadivoso.
Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas
y hallarás gracia ante el Señor,
porque sólo él es poderoso
y sólo los humildes le dan gloria.
No hay remedio para el hombre orgulloso,
porque ya está arraigado en la maldad.
El hombre prudente medita en su corazón
las sentencias de los otros,
y su gran anhelo es saber escuchar.
Mateo 11, 29
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Lucas 14, 1. 7-14
Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola:
“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.
Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.
El patrón que encontramos en las lecturas anteriores es el patrón de la humildad. El libro de Eclesiástico o Siracide nos da un consejo sobre la humildad. Nos dice que seamos humildes en todos nuestros procedimientos y si lo somos, seremos amados mas que un hombre dadivoso. Luego el evangelio de Mateo nos dice que tomemos el yugo de Dios y que aprendamos de el quien es manso y humilde de corazón. Finalmente, el evangelio de San Lucas nos cuenta la historia de una cena donde todos buscan los mejores puestos o los puestos de honor. Jesús cuenta que no debemos buscar los mejores puestos o puestos de honor, por que si alguien mas honorable o distinguido que tú, llega a la cena, te van a pedir el puesto y vas a pasar vergüenza. Jesús menciona que todo aquel que se exalte, será humillado, y todo aquel que se humille, será enaltecido o exaltado. Jesús quiere que aprendamos de el por que el es humilde, el quiere que seamos humildes, pero ¿qué significa ser humildes?
Se hizo un estudio sobre la humildad en nuestra sociedad y concluyeron que la humildad no es valorada hoy día. Se determino que la sociedad no ve la humildad como una virtud deseada, al contrario, se ve como una debilidad. La humildad se ve como algo que nos retiene, que nos detiene. Cuando la sociedad nos dice que no debemos anhelar la humildad, Jesús nos dice lo contrario. El nos dice que seamos humildes, que aprendamos de él, entonces; ¿por qué la diferencia entre la sociedad y Jesús?
Yo pienso que parte de la diferencia entre lo que la sociedad nos dice sobre la humildad y lo que Jesús enseña es debido a la definición y la imagen que tenemos sobre la humildad. Cuando pensamos de la humildad, pensamos en personas que son usadas, que se dejan abusar, que se dejan tomar el pelo. Muchas veces definimos a alguien humilde, como alguien de pocos recursos, alguien pobre, alguien de clase baja o de poca importancia. Yo pienso que, por definiciones e imágenes como estas de la humildad, la sociedad ve la humildad como una debilidad. Nuestro señor nos pide que seamos humildes, pero al decirlo el no nos esta diciendo que somos menos, o que nos dejemos abusar, o que somos de pocos recursos o valor. Al contrario, el nos dice que somos tan valiosos, tan especial, tan grandes para él, que el entrego su vida por nosotros. El quiso compartir nuestra humanidad, para que nosotros compartiéramos su divinidad. ¿Entonces cuál es la verdadera humildad?
Cuando Jesús nos habla de la humildad, y nos pide que seamos humildes de corazón, el nos esta pidiendo que tengamos un corazón agradecido. Un corazón que reconozca que él es Dios, y nosotros no. Que reconozca que lo necesitamos y que todo lo que tenemos es por él. Un corazón humilde es un corazón que ama incondicionalmente, es un corazón alegre, porque confía en Dios. La humildad verdadera es aquella que no ignora sus talentos, habilidades o dones, sino que, al contrario, reconoce que tiene talentos, habilidades y dones, pero que como son dones, son regalos. La verdadera humildad reconoce que esos regalos son de Dios y que sin el no somos nada. Un corazón humilde es aquel que es agradecido y reconoce que todo lo que tiene es un regalo de Dios.
El señor nos dice que lo mas humilde que somos, lo mas que nos enaltece, la razón es porque lo mas humilde que somos, lo mas que nos pareceremos a Cristo. En el evangelio de Juan, Juan nos dice, que yo tengo de disminuir para que el crezca, que yo disminuya para que Cristo crezca, lo mas que nos parezcamos a Cristo, lo más humilde que seremos, ese es el secreto a la humildad. Ser humilde no significa ser menos que otros, no significa que no tenemos valor, no significa que no somos importantes o que no tenemos habilidades. Ser humilde significa ser agradecido, tener un corazón que reconoce sus talentos, habilidades y dones, pero reconoce que son de Dios y para el servicio de Dios y de los demás. Hoy discutimos y queremos ser los mejores o los más grandes, pero recordemos que los caminos de Dios no son nuestros caminos y sus pensamientos no son los nuestros, por esta razón, quizás nuestra meta no debería ser alcanzar a ser el mejor o mas grande. Quizás nuestra meta debería ser, alcanzar a ser el menor de todos, porque si soy el menor, si hay menos de mí, puedo permitir a que haiga más de él.
Bendiciones